Text by Aitor Bengoa and Markel Redondo
Edu Arturo, a 17 year old from Honduras, lost his arm after falling from a freight train on his first attempt to reach the United States. Despite the devastating accident, Edu attempted to reach the United States on two other occasions. Still, he remains determined to continue trying until he succeeds. I visited Edu at his home in Cedros, a poor town in central Honduras and he explained, "I am confident I need to go back because here I can not do anything".
The same mixture of hope and despair that drives this young man leads hundreds of thousands of Latin Americans to risk their lives to reach the United States. The UN estimates that 25 million Latin Americans have immigrated to this country last year, estimating 20% of these are minors.
During my journey and from interviews with people I met, I gathered that many migrants, mainly from Central America, leave their home countries for better working opportunities to provide for their families and to escape the violence in their countries.
What most caught my attention during this trip was the desperation that drives a person (a father, child, a young girl), to leave everything.As Alvaro Caballeros, of the National Forum on Migration in Guatemala, says: “migration is forced”, these people don’t have a choice and have to leave everything behind. They have been told that the trip was tough but they will go anyway. They have been told that life in the U.S. is not so easy, but they will go anyway. They leave their countries in order to survive.
In Arriaga, Chiapas, I met Luis from El Salvador. After living most of his life in the United States he was deported last year and was separated from his daughters, who stayed in the US, without their parents. He tries to speak to his daughters once a week while he is on his way to the United States. He knows the way is getting harder with kidnaps and security is tough in the border but he has no choice. He claims, “They want to take my daughters away from me”.
Along the way, I found victims, survivors, heroes. Everyone has the presence of God when they speak, as is the only one they trust. Faced with so much risk, so much injustice, what else can they do but leave their lives in God's hands?
The Kidnappings
According to the National Human Rights Commission of Mexico, some 10,000 migrants are kidnapped each year in this country. The captors, mainly the Zetas, a gang of former military personelle, demands in exchange for the hostages between 1,500 and 5,000 dollars depending on where the family lives (in the U.S. or in their country of origin). If relatives can not pay, the migrants, who are often from poor backgrounds, are executed and their bodies abandoned.
"The money has reduced us to the level of goods", reflects the father Alejandro Solalinde, who runs a migrant shelter in Ixtepec, Oaxaca.
One of the cruelest episodes of violence against migrants took place in the Mexican state of Tamaulipas in August, when 72 men and women from Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador and Brazil were executed in cold blood. The perpetrators of the slaughter belong to the Zetas gang, former military engaged in robbery and kidnapping. Nearly all those killed were young men who could not pay the money demanded by his executioners.
Most cases end in tragedy; however, they do not reach the media.
The Deportation and Disappearances
In 2010 U.S. authorities deported over 340,000 immigrants according to Human Rights Watch. Meanwhile, Mexico deported about 60,000 people that crossed its territory. The police, who sometimes extort them, treat migrants as criminals.
It is not known how many people have died trying to cross the U.S. border through the Arizona desert. Large number listed as missing. A report from the National Migration Institute reveals that between 1998 and 2008, 60,000 migrants have disappeared in Mexico during his trip to the U.S.
Texto de Markel Redondo (in spanish)
A principios del mes de Abril viaje a Japón con un equipo de expertos de Greenpeace para valorar las consecuencias del accidente ocurrido en la central nuclear Fukushima Daiichi. Mi trabajo como fotógrafo era documentar con exactitud el trabajo llevado a cabo por expertos y el día a día en los alrededores de Fukushima. Con apenas un día de preparación antes del viaje aterrice en Osaka, al sur del país, donde el equipo que se dirigía a la zona de Fukushima nos reunimos por primera vez. El dia 3 de Abril os dirigimos en furgoneta hasta la ciudad de Yonezawa, en el norte del país, y a 100 km aproximadamente de la central afectada de Fukushima. Yonezawa era el campamento base, a una distancia relativamente segura de donde podríamos evacuar en caso de un nuevo accidente en la central nuclear Daiichi de Fukushima.
Al principio tenía miedo porque nunca había estado en un lugar afectado por radioactividad y estaba preocupado por las consecuencias que podrían sufrir después del viaje. La radiación ni se ve ni se huele ni se siente y ese miedo de no saber donde esta, esa incertidumbre esta siempre contigo.
En el primer día me dijeron que yo iba a ir con el equipo que trabajaria en la zona caliente, lo que me puso aun mas nervioso. Sin embargo una vez que empecé a trabajar en estas áreas próximas a Fukushima, siempre alrededor de 35-40 km de la central nuclear de Fukushima Daiichi, me fui sintiendo más tranquilo, me concentre en mi trabajo y el hecho de trabajar junto con expertos nucleares que sabían lo que hacían me daba cierta seguridad.
El segundo dia visitamos la ciudad de Fukushima, a 60 km de la planta nuclear de Daiichi. En la ciudad lo que me llevo de verdad la atención es que la gente seguía con su vida normalmente, como si nada hubiera ocurrido. Había un montón de gente caminando por las calles, de compras y comiendo en los restaurantes. Resultaba difícil imaginar que a 60 km había ocurrido un desastre que días después Japon lo valorara tan grave como el ocurrido en Chernóbil hace 25 anos. Poco después, una vez analizados los resultados, Greenpeace anuncio que en un parque infantil de la ciudad de Fukushima se habían encontrado niveles radioactivos de 4 de micro sieverts por hora. Estos niveles son suficientemente altos como para exponer a la gente a la dosis máxima anual de radiación permitida en cuestión de semanas. La dosis máxima anual, para adultos, es de 1 mili sievert al año.
Los equipos de Greenpeace también encontraron niveles de radiación superiores a los límites oficiales en vegetales recogidos en huertas, cerca de las ciudades de Fukushima, Koriyama, y Minamisoma, y en un supermercado en la ciudad de Fukushima.
El cuarto dia nos desplazamos al pueblo de Iitate, a 40 km de la planta afectada de Fukushima Daiichi, una de las zonas mas afectadas y que hoy en dia parece un pueblo fantasma. Después de conducir un buen rato sin ven una sola alma nos encontramos con una mujer recogiendo verduras, en una huerta. La mujer vio al equipo de Greenpeace tomando medidas pero no se inmuto t siguió recogiendo verduras. Esto fue una de las situaciones mas difíciles ya que la gente en Japon no tiene mucha información del gobierno y en muchos casos al no saber que hacer prefieren seguir con su día a día. Como el peligro de la radiación no se ve, hay gente que se ha quedado viviendo y trabajando en lugares altamente contaminados. Las consecuencias para los campesinos de la zona es incalculable y con las ridículas compensaciones propuestas por el gobierno Japonés muchos ciudadanos prefieren arriesgar su vida y seguir viviendo del campo.
En un supermercado cerca de Koriyama, 60 km al oeste de la planta nuclear Fukushima Daiichi, traté de hablar con madres para conocer sus preocupaciones por el riesgo que sus hijos podían correr, ya que los niños en crecimiento son los mas vulnerables a la radioactividad. Después de intentar hablar con mas de 10 madres ninguna quiso conversar conmigo. Los japoneses tienen plena confianza en su gobierno y por lo general nadie quiere sobresalir con su opinión personal. La cultura Japonesa es muy conservadora y es raro encontrar gente disconforme o que proteste con lo que el gobierno este haciendo. Para mi como fotógrafo y periodista fue muy difícil trabajar en un lugar tan hermético y donde la gente nunca se quería mostrar.
Despues de nuestra expedición y de los estudios presentados por Greenpeace donde se resaltaron puntos radioactivos en zonas pobladas más allá de la zona inicial de evacuación de 20 kilometros. La evacuación adicional solo comenzó dos meses después del accidente nuclear. Incluso ahora, en muchos casos, las autoridades optan por incrementar los límites de exposición a la radiación para los ciudadanos - incluso niños - en el área de Fukushima, en lugar de evacuar a la gente lejos del peligro.
Los japoneses necesitan información clara y una acción decisiva y liderazgo, y Japón necesita una verdadera revolución energética - un plan que sigua el ejemplo anunciado por Alemania para transformar su economía de la dependencia de fuentes de energía peligrosa y sucia a un suministro sostenible basado en las tecnologías renovables. Recientemente, el Primer Ministro Kan dijo que quería volver a diseñar la política energética de Japón "desde cero", dejando caer los planes de nuevas centrales nucleares y confiando más en las energías renovables. ¿Va a cumplir su palabra?